CAPITULO 2


Una Identidad Judía en cambio

¿Cómo podría decir seriamente: Reúnenos de los cuatro rincones de la tierra, y condúcenos erguidos hacia nuestra tierra...  cuando al mismo tiempo decía que se consideraba un francés con el deber de defender a su país? ¿Podía acaso ser leal al mismo tiempo al emperador Napoleón y al rey David?

Esta nostalgia, por más poderosa que fuera e incluso los raros esfuerzos por retornar a Sión, no eran aún sionismo. “Hasta mediados del siglo XIX  no apareció un movimiento activo de judíos retornando a Palestina”. ¿Porqué se demoró tanto? ¿Porqué este profundo vínculo con la Tierra de Israel no fue suficiente?  

 

Naftali Tzví Imber, escribió en 1878 a los 22 años, un poema al que denominó Hatikva - la esperanza.

Mientras en el corazón

Un alma judía palpite

Y rumbo al Oriente

La mirada a Sión se dirija

 

No está perdida aún nuestra esperanza

Esta esperanza bimilenaria

De volver a la tierra de nuestros padres

A la ciudad donde David vivió.

 

Con el pasar del tiempo, algunas de las palabras cambiaron y el poema se transformó en el texto del himno del Movimiento Sionista, y posteriormente en el Himno Nacional de Israel:  

No está perdida aún nuestra esperanza

Esta esperanza bimilenaria

De ser un pueblo libre en nuestra tierra

La Tierra de Sión y Jerusalén

El poema de Imber reunía varios elementos:  recuerdos, dolor, sentido de pueblo, visión. También expresaba que algo en la vida judía se estaba perdiendo y que algo era deseado pero aún no se había logrado. Algo así como decir “recuerdo algo maravilloso, algo casi perfecto en mi infancia y me gustaría retornar a eso”. El poema de Imber es una expresión de la nostalgia judía.

Las fuentes del sionismo residen en los más profundos niveles de la memoria y la identidad judía. Muchos siglos antes de que el Movimiento Sionista estableciera sus objetivos, había una conciencia clara que sin la presencia del pueblo en Sión, el ser judío estaba deteriorado e incompleto.

Esa conciencia se comenzaba a desarrollar desde el nacimiento. El niño judío absorbía  en el hogar, en la sinagoga, en la escuela, sus nociones tempranas acerca del pasado de su pueblo.  Conocía la primera demanda realizada a Abraham su ancestro:

El Señor le dijo a Abram: “Vete de tu tierra, y de tu patria y de la casa de tu padre,  a la tierra que Yo te mostraré. De ti haré una gran nación..Llegaron a Canaán...El Señor apareció a Abram y le dijo: A tu descendencia he de dar esta tierra” (Génesis 12: 1-7) 

El varón judío sabía, aunque sólo inconscientemente, que la circuncisión realizada cuando tenía ocho días de edad, era la reafirmación del pacto eterno entre Dios y el Pueblo Judío. El contrato era simple: como en el mejor de los matrimonios, existe entre Dios y los judíos una relación íntima y permanente.

“Y estableceré Mi alianza entre nosotros dos y con tu descendencia después de ti, de generación en generación, una alianza eterna de ser Yo tu Dios y el de tu posteridad. Yo te daré a ti y a tu prosperidad la tierra en que andas como peregrino, todo el país de Canaán, en posesión perpetua. Yo seré el Dios de los tuyos” (Génesis 17:7-8)

Todo niño judío guarda un tesoro de impresiones infantiles en relación a las preguntas que formulaba en la mesa familiar la noche de Pesaj. Y la respuesta que recibía era “Nosotros, el pueblo judío (del que tu niño judío eres el último eslabón) fuimos esclavos en Egipto. Y Dios nos sacó de la esclavitud, y nos llevó a la tierra de nuestros padres y tú  debes sentir como si tú mismo hubieras sido sacado de Egipto”. Y al final de la cena, si el niño estaba aún despierto, podía escuchar a todos decir: “El próximo año en Jerusalén”. Un evento histórico que se trasforma en recuerdo, esperanza y en parte de una identidad.

Este niño familiarizado con Abraham, conocía también a Sara, Isaac y Rebeca, a Jacob y Rajel, a Moisés, al Rey David. David el joven que luchó contra Goliat, David que venció a los filisteos; David el cantor de los Salmos; David, el político, que eligió Jerusalén para convertirla en capital, y David el líder que unificó a la nación. David era la leyenda y el modelo.

Nuestro niño judío sabía sobre las destrucciones de Jerusalén. Se sentaba en el piso de su sinagoga año tras años, el 9 del mes de Av y escuchaba el relato del Jerusalén “convertida en viuda”, de sus habitantes asesinados o exiliados. Este niño nunca haría las distinciones exactas entre el exilio asirio que llevó a sus antepasados a Babilonia y el posterior exilio romano, que llevó a sus antepasados a Europa, Asia Menor y el Norte de Africa, pero sabía que él mismo era un eslabón en la cadena histórica, él mismo estaba en el exilio. El piso de la sinagoga sobre el que estaba sentado, familiar como fuera, no era el hogar. El hogar estaba en otra parte. Y ese lugar, Jerusalén, Sión, había sido prometido por Dios al Pueblo Judío.

En sus oraciones de Rosh Hashaná y Yom Kipur y durante las fiestas de Sucot, Pesaj y Shavuot, cuando no podía ascender al Templo de Jerusalén,  leía:

Hemos sido desterrados de nuestro lar y llevados lejos de nuestro país por nuestros pecados, y no podemos por lo tanto presentarnos ante Ti  y cumplir con nuestras obligaciones en Tu casa elegida (el Templo)...   Padre, Rey... Reúnenos de los cuatro rincones de la tierra, y condúcenos erguidos hacia nuestra tierra... Condúcenos con alegría a Sión tu Ciudad y a Tu Santuario en Jerusalén...

Y diariamente leía en sus plegarias:

Haznos retornar con tu merced a Jerusalén, Tu Ciudad, para vivir en ella como lo has dicho. Reconstrúyela rápidamente en nuestros días y para siempre y prepara allí el Trono de David. Bendito Seas, Tu Señor, que reconstruyes Jerusalén.

El niño judío crecía sabiendo y comprendiendo que ser judío significaba estar en el exilio y añorar y rezar por el retorno a la patria. Podía vivir en Polonia, en Yémen o en España,  vestir las mismas ropas y vivir en casas similares a quienes lo rodeaban, sin embargo, sus pensamientos, estaban frecuentemente dirigidos a un lugar que estaba muy lejos. Un lugar que estaba firmemente fijado en su corazón.  El gran poeta judeo-español Yehudá Halevi lo expresó así: “Mi corazón está en el Oriente y yo estoy en el Occidente”.

Estas nociones de Sión y Jerusalén, de exilio y redención eran parte del crecimiento. Sin embargo estos sentimientos generalmente no llevaron a intentos concretos de retornar al país. Las dificultades para hacerlo eran tales, que sólo algunos hombres excepcionales lo hicieron. Pero sin estos recuerdos el Sionismo no hubiera sido posible. 

Esta nostalgia, por más poderosa que fuera e incluso los raros esfuerzos por retornar a Sión, no eran aún sionismo. Un famoso estudioso del sionismo dijo: “hasta mediados del siglo XIX  no apareció un movimiento activo de judíos retornando a Palestina”.  Sólo hace 125 años atrás. ¿Porqué se demoró tanto? ¿Porqué este profundo vínculo con la Tierra de Israel no fue suficiente?

¿Hubo acaso un incremento repentino del odio a los judíos, que los hizo sentir más excluidos o más amenazados? El antisemitismo se convirtió en una fuerza social y política real en Europa Occidental, mientras que el odio antijudío más tradicional continuaba manifestándose en los pogroms y la discriminación legal de los judíos en Europa Oriental. Pero las persecuciones del pasado, por mucho más grandes que las del siglo XIX, no produjeron un movimiento en gran escala hacia Palestina: habían habido masacres durante las cruzadas y durante las revoluciones campesinas en Ucrania, expulsiones masivas de España y Portugal así como de Inglaterra. Nada de esto produjo un movimiento similar al sionismo.

El surgimiento del sionismo está ampliamente relacionado con los cambios revolucionarios que tuvieron lugar en el mundo, especialmente en Europa. La gente comenzaba a pensar de manera diferente acerca del mundo: Copérnico, Kepler y Galileo demostraron que la Tierra no era el centro del sistema solar. Spinoza sostenía que la Biblia podía leerse como un libro admirable pero no necesariamente como la palabra de Dios. Colón estaba convencido que se podía llegar a la India por el Occidente y no sólo por el Oriente.

Los nuevos inventos estaban transformando las economías y las sociedades. La imprenta permitía la difusión de mayor y más variada información. Más personas poseían más riqueza, no a consecuencia de privilegios sino lograda a base de talento y educación. Y más personas recibían educación.

Nuevos avances en medicina y biología, nuevos métodos agrícolas y alimentos permitían a la gente vivir más tiempo. Se creaban ciudades. Aparecían nuevas formas de arte: la opera, la novela, la sinfonía, el ballet.

Paralelamente cambiaban las concepciones acerca de cómo debían organizarse y gobernarse las sociedades. Había rebeliones contra la autoridad: Lutero, Calvino y  Enrique VIII se sublevaban contra la Iglesia Católica; los franceses contra Luis XIV, los trabajadores industriales contra los dueños de las fábricas. Se establecían nuevas autoridades: parlamentos, congresos, presidentes, primeros ministros.

El lugar donde uno vivía, el idioma que hablaba, la manera en que se vestía y comportaba se transformaron en uno de los principios que ayudaban a las personas a identificarse y saber quienes eran  y adonde pertenecían en un mundo tan cambiante. Uno vivía en Alemania o en Francia, hablaba en español, en ruso o en inglés. Uno era cortesano o hombre vulgar,  podía usar gorros de piel para protegerse del frío o pañuelos de algodón para enjugar la transpiración. Crecía acompañado por las leyendas del Rey Arturo, el Cid Campeador, José Martí o George Washington. 

En este mundo que cambiaba rápidamente los judíos eran extranjeros, muy diferentes a la sociedad circundante. Los judíos vivían en sus propias comunidades, teniendo, como grupo, poco contacto con el entorno. Rezaban entre ellos, en sus propios edificios y en su propia lengua. Los hombres se colocaban unos extraños objetos sobre sus cabezas y brazos (los tefilín) y estudiaban textos incomprensibles (Talmud, Cábala), no podían tomar vino con los no judíos y hablaban otro idioma. Muchos pensaban que los judíos no sólo que eran diferentes sino que no eran humanos.  Cuando William Shakespeare (1556-1616) escribió el Mercader de Venecia, reflejó el inicio del cambio en la manera que Europa concebía a los judíos:

Shylock:...  Yo soy judío. ¿No tiene el judío ojos? ¿No tiene el judío manos, órganos, dimensiones, sentidos, afectos, pasiones? ¿No se alimenta con la misma comida, no es herido con las mismas armas, sujeto a las misma enfermedades, no siente frío o calor con el invierno o el verano como lo hace el cristiano? ¿Si nos dan una puñalada acaso no sangraremos? ¿Si nos hacen cosquillas, no nos reiremos? ¿Si nos envenenan, no nos moriremos? ¿Y si sois injustos con nosotros , no nos revelaremos; Si somos iguales en el resto, seremos iguales  en esto...

Para Shakespeare los judíos eran detestables pero eran seres humanos, no una criatura demoníaca con cuernos y colas. Pueblos como el inglés, el francés, el alemán que tenían contacto con los judíos  comenzaban a aceptar que éstos podían y serían parte de la sociedad europea.  Entendían  que después de todo, si los judíos eran seres humanos, debían tener los mismos derechos y oportunidades que el resto.

La expresión más dramática de este cambio ocurrió el 28 de septiembre de 1791, cuando la Asamblea Nacional Francesa “emancipó” a los judíos de Francia, declarando lo siguiente:

... Todo hombre que, estando calificado para hacerlo, acepta el juramento civil y se compromete a cumplir con los deberes prescritos por la constitución, tiene derecho a todos  los derechos...    anulando todas las prerrogativas, restricciones y excepciones .... que afectan a individuos de fe judía, que acepten el juramento civil...

Apenas quince años más tarde el emperador Napoleón Bonaparte, sintiendo que la integración de los judíos a la sociedad francesa había sido menos exitosa de lo esperado, presentó ante el liderazgo judío de Francia una serie de preguntas que apuntaban al corazón mismo de la posición judía en este nuevo mundo:

- ¿A los ojos de los judíos, los franceses son considerados hermanos o extraños?

- ¿Los judíos nacidos en Francia y considerados por la ley como ciudadanos franceses  consideran a Francia como su país?

Los judíos respondieron a éstas y a otras muchas preguntas diciendo por ejemplo: a los ojos de los judíos los franceses son hermanos y no extraños.

Los judíos en América, Inglaterra, Alemania, decían lo mismo: somos judíos en cuanto a  la religión pero nos identificamos plenamente con el país en el que hemos nacido. Muchos lo decían sinceramente.  Pero esto también implicaba que para mantener esta identidad dual debían realizarse toda clases de compromisos y renuncias. Los judíos debían ir a la escuela el sábado, o si la universidad quedaba lejos de la casa tendrían problemas con la comida Casher. Más allá de estas importantes y concretas dificultades, aparecieron otras más profundas. Después de haberse comprometido a ser un francés leal, ¿Cómo podía un judío rezar seriamente por el retorno a su tierra ancestral? ¿Cómo podría decir seriamente: Reúnenos de los cuatro rincones de la tierra, y condúcenos erguidos hacia nuestra tierra...  cuando al mismo tiempo decía que se consideraba un francés con el deber de defender a su país? ¿Podía acaso ser leal al mismo tiempo al emperador Napoleón y al rey David?  Sólo difícilmente.

  La identidad judía estaba cambiando.    

 



FUENTES

El Hatikva (Himno del Estado de Israel)

Kol od balevav pnima

nefesh iehudí omia

ulefaatei mizraj kadima

ain letzion tzofia

od lo avda tikvatenu

hatikva bat shnot alpaim

lihiot am jofshi bearteinu

eretz tzion virushalaim

 

Traducción al Español:

Mientras en el corazón

Un alma judía palpite

Y rumbo al Oriente

La mirada a Sión se dirija

 

No está perdida aún nuestra esperanza

Esta esperanza bimilenaria

De ser un pueblo libre en nuestra tierra

La Tierra de Sión y Jerusalén  


Mientras nuestros ojos viertan lágrimas

Y cual lluvia, afluyan las ofrendas

Y las multitudes de nuestro pueblo

Aún las tumbas de los padres visiten.

No está perdida aún nuestra esperanza...

 

Mientras el ardor de nuestro ideal

En nuestros ojos aparezca

Y por la destrucción de nuestro Santuario

Ojo alguno lágrima vierta

No está perdida aún nuestra esperanza...

 

Mientras lágrimas puras

Del ojo de la hija de mi pueblo corran

Y para los lamentos por Sión en las vigilias

Aún a medianoche se levanten

No está perdida aún nuestra esperanza...

 

Mientras el amor nacional

En el corazón judío lata

Aún hoy cabe confiar

Que Dios el iracundo nos prodigue misericordia

No está perdida aún nuestra esperanza...

 

Escuchas, mis hermanos, en los países de mis andanzas

La voz de uno de nuestros profetas

“Que tan sólo con el último judío

Acabará también nuestra esperanza”

No está perdida aún nuestra esperanza...  

 

             Hatikva - la esperanza ,Naftali Tzvi Imber, 1878


 

 

 La mano de Dios vino sobre mí, y me llevó en el espíritu de Dios y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos y he aquí que eran muchísimos ....   y por cierto secos en gran manera.

Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos y diles: Huesos secos, oíd la palabra del Señor.

Así ha dicho el Señor a estos huesos: He aquí yo hago entrar espíritu en vosotros y viviréis. Y pondré tendones entonces sobre vosotros y haré subir sobre vosotros carne y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis y sabréis que yo soy el Señor.

Profeticé pues como me fue mandado y hubo un ruido mientras yo profetizada, y he aquí un temblor, y los huesos se juntaron  cada hueso con su hueso.

Y miré y he aquí  tendones sobre ellos, y la carne subió por encima de ellos, pero no había en ellos espíritu.

Y me dijo: profetiza al espíritu, profetiza hijo de hombre y di al espíritu: Así ha dicho el Señor: Espíritu ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos huesos muertos y vivirán.  Y profeticé como me había mandado y entró espíritu en ellos y vivieron y estuvieron sobre sus pies, un ejército grande en extremo.

Me dijo luego: Hijo de Hombre, todos estos huesos son la casa de Israel. He aquí ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos. Por tanto profetiza y diles: Así ha dicho el Señor: He aquí que yo abro vuestras sepulturas y os traeré a la Tierra de Israel.

Y sabréis que  yo soy el Señor, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío.

Y pondré espíritu en vosotros y os haré reposar sobre vuestra tierra: y sabréis que yo el Señor hablé, y lo hice, dice el Señor.

                                                                                    Ezequiel 37: 1-14

Ezequiel: Profeta exilado a Babilonia en el año 597 a.e.c.  Con la destrucción del Primer Templo, diez años después, la mayoría de la población de Judea fue asesinada, tomada como esclavos o desterrada a Babilonia

 


 

Junto a los ríos de Babilonia,

Allí nos sentábamos, y aún llorábamos.

Acordándonos de Sión;

en los álamos de la orilla

teníamos colgadas nuestra cítara.

Allí nos pidieron

nuestros deportadores cánticos,

nuestros raptores alegría:

¡Cantad para nosotros

un cantar de Sión!

¿Cómo podríamos cantar

un canto del Señor

en una tierra extraña?

¡Jerusalén, si yo de ti me olvido

que se seque mi diestra!

¡Mi lengua se pegue al paladar

si de ti no me acuerdo,

si no alzo a Jerusalén

al colmo de mi gozo!

                                                                                    Salmos 137:1-6

 

Salmos: los 150 poemas que componen el libro fueron en su mayoría atribuidos al rey David (1000 a.e.c.) o a su corte. El salmo citado es claramente posterior, escrito durante el exilio de Babilonia, 400 años más tarde.

 

Su cimiento está en el monte santo.

Ama el Señor las puertas de Sión

Más que todas las moradas de Jacob,

Cosas gloriosas se han dicho de ti

Ciudad de Dios...

Y de Sión dirán: este y aquel han nacido

En ella.

Y el Altísimo mismo la establecerá

El Señor contará al inscribir a los pueblos:

Este nació allí. Y cantores y teñadores en ella dirán:

Todas mis fuentes están en ti.

                                                                        Salmos 87  


 

Fue dirigida la palabra del Señor  en estos términos: Así dice el Señor de los Ejércitos: con gran celo he celado a Sión, y en medio de Jerusalén habito, Jerusalén se llamará Ciudad de Fidelidad y el monte del Señor, Monte Santo. Así dice el Señor de los Ejércitos: Aún se sentarán ancianos y ancianas en las plazas de Jerusalén cada cual con su bastón en la mano, por ser muchos sus días; las plazas de la ciudad se llenarán de muchachos y muchachas en sus plazas jugando.  Así dice el Señor de los Ejércitos:  Si ello parece imposible a los ojos del resto de este pueblo, en aquellos días, ¿también a Mis ojos será imposible? Palabra del Señor. Así dice el Señor de los Ejércitos: He aquí que Yo salvo a mi pueblo del país del oriente y del país sonde se pone el sol; y los traeré  para que moren en medio de Jerusalén. Y serán mi pueblo y yo seré su Dios con fidelidad y con justicia.

                                                                                    Zacarías 8: 1-8

 

Zacarías: Uno de los así llamados 12 profetas menores cuyo mensaje es muy conciso y corto. Vivió en Babilonia, después de la destrucción del Primer Templo trató de convencer al pueblo de retornar a la Tierra de Israel y reconstruir el Templo.  


 

 

Siónida                                         Yehudá Halevi

 

¡Sión! ¿Acaso no preguntarás por la salud de tus cautivos,

aquellos que buscan tu paz, los más selectos de tus rediles?

De Occidente y Oriente, del Septentrión y del Mediodía

la salutación recibe

del que está cercano y del alejado, en todas tus vías.

 

La salutación del que ansía verter sus lágrimas como el rocío

del Hermón y suspira para derramarlas sobre tus montes.

Cuando lloro tu desdicha soy como el chacal, y cuando sueño

en la vuelta de tu cautividad yo soy una lira para tus cánticos.

 

 

Yehudá Halevi:  (aprox. 1075-1141) Poeta, filósofo, médico y hombre de negocios que vivió la mayor parte de su vida en España. Hacia el final de sus días decidió emigrar a la Tierra de Israel pero aparentemente logró llegar sólo a Egipto. La leyenda sostiene que llegó a Jerusalén, al Muro Occidental, y que allí fue arrollado por un jinete que venía leyendo sus poemas.  Su obra más famosos fueron sus 35 Siónidas o Cantos a Sión  y su obra filosófica El Cuzarí.

 


 

Siónida                                       Yehudá Aljarizi  (1165-1235)

 

Por  Sión suspira mi alma y mi espíritu,

en ella encontraría, todos los días de mi vida, mi descanso;

por su amor, dulces me son las calamidades,

y por ella a mis tiranos presento la cabeza y la mejilla.

No desearé nada, fuera de ella, durante todos mis días

hasta que yo muera y me abandonen el vigor y las fuerzas.

¿Cómo ansiaría el halago de los aromas

si ella es mi bálsamo, mi perfume y mi olor?

Acariciaría sus glebas en todo tiempo

hasta que su polvo fuera en mi frente como señal;

su polvo convertiría en remedio para mi llaga,

lo aspergería sobre la úlcera de mi corazón y viviría.

 

 

 


El Hombre no es sino....

                                    Shaúl Tchernijovsky      

 

El hombre no es sino un pedazo de tierra,

no es sino la imagen del paisaje de su patria.

Es sólo lo que recogió su oído todavía tierno,

es sólo lo que captaron sus ojos antes de cansarse de mirar,

es todo lo que tocó un niño perplejo en los senderos

de rocío y que tropezó con todo terrón o montón de tierra

mientras que en lo más profundo de su interior y sin saber

construyó un altar sobre el cual inmola todos los días

a la reina de los cielos, a las estrellas y al zodíaco.

Y con el tiempo, en su lucha por la subsistencia en el libro en que se describe su vida

descubre la explicación de los sucesos en cada señal

y los presagios, uno a uno, del porvenir

y que fueron grabados en él desde el comienzo.

El hombre no es sino la imagen del paisaje de su patria.

                                                                        Shaúl Tchernijovsky      

 

 


Dicen Hay una tierra...

 

Dicen: hay una tierra,

llena de sol...

¿Dónde está la tierra?

¿Dónde está ese sol?

 

Dicen: hay una tierra

sobre siete pilares.

Y siete estrellas brotan

sobre cada colina.

 

Tierra es, donde se cumplen

las esperanzas que el hombre soñó.

¿Dónde está esa tierra?

¿Dónde esas colinas?

 

Todo aquel que a ella llega

es recibido como un hermano,

se le desea buena suerte

y todo es claro y agradable.

 

¿Dónde esta esa tierra

y las estrellas sobre las colinas?

¿Quién nos mostrará  el camino

y por su senda nos guiará?

 

Ya hemos cruzado los

desiertos y los mares,

ya hemos caminado bastante

y se nos acaban las fuerzas

 

¿Cómo fuimos  a equivocarnos?

¡Aún no nos dejan en paz!