Parashat VesotHabreja
Parashat
VesotHabreja
Y
NO HA SABIDO HOMBRE ALGUNO EL LUGAR
DE
SU SEPULTURA HASTA EL DIA DE HOY
Por
Nejama Leibowitz
En
esta parashá encontrarnos las últimas palabras de Moshé a los Hijos de
Israel, su bendición a las tribus y al pueblo entero, y una descripción del
fallecimiento y del entierro de Moshé.
Al
comienzo de la parashá le es concedido a Moshé un título, que no encontramos
su igual en toda la Torá:
Y
ésta es la bendición con que Moshé, varón de Dios, bendijo a los hijos de
Israel, antes de su muerte.
33, 1
Hay
quienes comentan, que le fue concedido este título, precisamente en esta
oportunidad, con la expresa intención de hacernos saber, que esta bendición
tiene carácter de profecía, y no son palabras de su personal inspiración. Es
ésta también la opinión de Rabí Abraham Ibn-Ezra.
Pero
hay quienes opinan lo contrario. Moshé - el fiel pastor - se despide de su
pueblo y lo bendice de su propia inspiración, y dado que esta bendición en
su totalidad emanó de su corazón - no del Señor, como el canto Haazinu y la
Torá - fue necesario destacar la personalidad de quien bendijo al pueblo de
Israel: de boca de "Moshé, varón de Dios". Esta es la opinión de
Rabí Shamshon Rafael Hirsch.
Sin
embargo el autor de "Haamek Davar" ve la explicación de este
asombroso título en el hecho de haber sido concedido a Moshé, precisamente
ante la inminencia de su muerte; en el día de su muerte:
Ante
la inminencia de su muerte, flameó con la mayor fuerza la llama divina, que
alumbró los días de su vida; así como la vela que se apaga al extinguirse el
fuego, se inflama con mayor fuerza, como si volviese a aferrarse a su base, así
también el alma del Justo, en el momento de dejarnos, en el instante de pasar a
la vida eterna, se yergue con la gran fuerza, propia de su alma... Así estaba
Moshé, nuestro maestro, en el grado supremo de su vida.
Pero,
después de bendecir a los hijos de Israel - su último acto - casi al borde
mismo de su muerte, ya no se lo denomina sino con el título con el cuál lo
calificó el Señor mismo al reprender a Miriam y a Aharón, quienes hablaron
contra Moshé y trataron de igualársele. Allí lo denominó "Moshé Mi
siervo". Ciertamente es el grado supremo. De la misma manera lo apodó el
versículo en el último capítulo de la Torá:
Así
Moshé siervo del Señor, murió allí ... 34,
5
Es
el último título que le fue concedido luego, en el Libro Yehoshúa, y con el
cuál comienza el Señor sus primeras palabras dirigidas a Yehoshúa su
lugarteniente y continuador de su función:
Moshé,
Mi siervo, ha muerto.
Yehoshúa 1, 2
Ya
hemos comentado en la parashá correspondiente a Vayélej cuan numerosas son las
plegarias que nuestros Sabios pusieron en boca de Moshé, de los momentos
previos a su fallecimiento; y en que medida han abundado los comentarios y las
leyendas, que relatan su pertinaz debatirse contra el decreto del Señor que le
anunció: "He aquí, se acercan los días en que has de morir".
En
esta oportunidad hemos de analizar una de esas plegarias, que consta en el
Midrash Rabá, Devarim 11, 5:
Cuando
llegó el día en el cual Moshé debía despedirse de este mundo, le dijo el Señor:
"He aquí, se acercan los días en que has de morir" (Devarim 31, 14).
ContestóLe
él: ¡Dueño del Mundo! ¿Después de toda mi fatigosa labor me dices: "He
aquí, se acercan los días en que has de morir?" "¡No moriré, sino
viviré, y contaré las obras del Señor!" (Tehilim 118, 17).
Replicóle
entonces el Señor: No es posible (Kohelet 12, 13): "¡Porque esto es la
suma del deber humano!"
Dijo
Moshé: ¡Dueño del mundo! Un sólo pedido tengo para solicitarTe antes de mi
muerte; cuando me retire de este mundo, ¡que se rompan los portones del cielo y
de las profundidades y quede a la vista que no existe otro fuera de Ti! Como
leemos (Devarim 4,39): "¡Entiende esto, pues hoy, y recapacítalo en tu
corazón, que sólo el Señor es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra;
no hay otro alguno!".
Díjole
el Señor: Tú has dicho "no hay otro alguno", también Yo diré (34,
10-12): "Mas no se ha levantado todavía profeta en Israel semejante a
Moshé ... en cuanto a todas las señales y maravillas que el Señor le envió a
hacer ... ni en cuanto a toda aquella mano poderosa, ni aquellos terrores
estupendos que obró Moshé en presencia de todo Israel".
Moshé
no pide aquí ver la tierra prometida, ni dirigir a los hijos de Israel, ni
comandar sus guerras; aquí queda establecido claramente el propósito del
pedido de Moshé para el cual quiere que se le extienda su vida: "!y contaré
las obras del Señor!". Al no serle concedida su solicitud, que se realice
pues el gran milagro que repentinamente revelaría a todos que "no existe
otro fuera de Ti". Es decir, Moshé tenía absoluta conciencia del hecho,
de que a pesar de haber visto las plagas de Egipto, la salida de Egipto, los
milagros sobre el Mar Rojo, los milagros acaecidos durante la estadía de
cuarenta años en el desierto, el maná y la codorniz, las columnas de nube y de
fuego, y por sobre todo el Acto en el monte Sinay - el sabía, que a pesar de
todo esto:
Después
de mi muerte os corromperéis de seguro y os apartaréis del camino que os he
prescrito ...
31, 29
¿Cual
es su pedido entonces? Que se realice el gran milagro, que aparezca la última y
definitiva demostración, la absoluta, que no deja lugar a dudas, y ninguna
posibilidad de corrupción: "que se rompan todos los portones y quede a la
vista que no existe otro fuera de Ti", como leemos:
Entiende
esto, pues, hoy ... que sólo el Señor es Dios, arriba en los cielos y abajo en
la tierra; no hay otro alguno. 4, 39
¿Cual
es la respuesta divina a sus palabras? Qué sentido hemos de dar a este juego de
palabras análogas:
Tu
has dicho "no hay otro alguno'", también yo diré: "Mas no se ha
levantado todavía otro profeta en Israel semejante a Moshé . . .".
Tu
pedido ya fue concedido: no hay revelación más lúcida y más clara que ésta,
que es el contenido de toda la Torá, de ésta denominada la Torá de Moshé, y
en la cual están relatados:
En
cuanto a todas las señales y maravillas que el Señor
le
envió a realizar. . .
34, 11
Ni
cuanto a toda aquella mano poderosa, ni aquellos terrores estupendos que obró
Moshé en presencia de todo Israel.
34, 12
Con
ella fueron ya rotos todos los portones. y en ella y de ella:
A
ti te fue mostrado esto, para que supieses que el Señor
sólo
es Dios: ningún otro hay fuera de El. 4, 35
Y
de la misma manera que la Torá de Moshé es una revelación lúcida, que por
esa razón leemos:
La
Ley del Señor es perfecta, conforta el alma ...
Tehilim
19, 8
El
mandamiento del Señor es claro, alumbra los ojos
19,
9
del
mismo modo el final de Moshé es misterioso, incomprensible y desconocido para
nosotros:
Y
El le enterró en un valle en la tierra de Moav, frente a Beth Peór; y no ha
sabido hombre alguno (el lugar) de su sepultura hasta el día de hoy.
34, 6
"Y
le enterró",
oración cuyo sujeto tácito es misterioso y oculto - desconocido - ampliándose
la extrañeza en el segundo hemistiquio del versículo:
Y
no ha sabido hombre alguno de su sepultura.
Préstese
atención que no dice: "su sepulcro", sino: "su sepultura".
Nos resulta desconocida la forma en que fue sepultado a la vez que el lugar de
su sepultura.
Por
lo tanto, nos parecen muy acertadas las palabras de Ralbag:
Resulta
muy maravilloso todo este asunto, que la Torá trató de precisar en lo posible
el lugar del sepulcro: "en la tierra de Moav, en un valle, frente a Beth Peór";
con todo, dispuso el Señor que el sepulcro sea desconocido, a fin de que las
generaciones posteriores no yerren rindiéndole culto como a un ídolo.
Tomado
de: “Reflexiones sobre la
Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de
Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la
Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986
págs. 308-311