Parashat Ki Tavo
Parashat
Ki Tavo
LA
RECOMPENSA POR EL MANDAMIENTO - ES EL MANDAMIENTO MISMO
Por
Nejama Leibowitz
Los
versículos iniciales de las bendiciones y de las maldiciones son aparentemente
paralelos en su fraseo aunque opuestos en su significado, y a fin que veamos que
tal paralelismo es sólo en apariencia, transcribiremos ambos comienzos del
siguiente modo[1]:
Bendiciones
(28, 1-5)
Maldiciones (28, 15-45)
1
- Y será que si escuchar
15 - Mas será,
habéis
de escuchar la voz
si
no escuchares la
del
Señor tu Dios, para
voz...
poner
cuidado en hacer
para poner cuidado en
todos
Sus mandamientos ...
hacer todos Sus mandamientos
2
- Y vendrán sobre ti y te
y Sus estatutos... vendrán sobre
alcanzarán
todas estas
ti y te alcanzarán todas
bendiciones,
estas maldiciones:
cuando
escuchares la voz
45 - por cuanto no habrás
del
Señor, tu Dios.
escuchado la voz del
4
- Bendito será el fruto de
Señor ...
tu
seno,
18
- Maldito será el fruto de
y
el fruto de tu tierra ...
tu seno, y el fruto de tu
y
la cría de tus vacadas,
tierra, y la cría de tus vacadas,
y
el aumento de tus rebaños.
y el aumento de tus rebaños.
5
- Benditos serán tu canasto
17 - Malditos serán tu canasto
y tu artesa.
y tu artesa.
La
diferencia entre: "si escuchar habéis de escuchar" - positivo, y
entre: "si no escuchares" - negativo, es sobresaliente.
Rashí
explicó la repetición del verbo en otro versículo de Devarim (11, 13),
citando el tratado Suká:
Si
oiréis lo anterior, oiréis también lo nuevo.
Y
con mayor claridad aún explicó ello al citar el comentario de la Mejilta
acerca del versículo de Shemot 19, 5:
"Ahora,
pues, si escuchar habéis de escuchar": Si han de aceptarlo ahora, les será
más agradable en el futuro; puesto que todos los comienzos son difíciles.
Vemos
pues, como el exegeta interpreta estas repeticiones tan comunes en todo el Tanaj
("Aunque andar ande ... volver volverá con regocijo" (Tehilim 126,
6) como si se tratara de una oración condicional: "si escuchar" y su
consecuencia: "¡Habéis de escuchar!"
Aún
cuando esta interpretación del versículo no es la simple, ni se atiene a la
sintaxis, es, sin embargo, correcto el sentido de tal interpretación desde el
punto de vista de la experiencia de la vida, que nos enseña que el obrar bien
se hace fácil una vez que el hombre se ha sobrepuesto a su inclinación al mal
y se facilita más aún después de haber perseverado cierto tiempo en la buena
senda.
Entendiendo
así la aseveración de Rambam en "Hiljot Teshuvá" (Reglas de
Arrepentimiento) 6, 4:
Esta
actitud es común en todos los hombres, que una vez que es atraído dentro de
las sendas de la sabiduría y de la justicia, las ansía y las desea ...
Sin
embargo, numerosos comentaristas encontraron otro detalle extraño en la
construcción de la primera oración (vers. 1-2), y señalaron la dificultad en
comprenderlos. Citaremos la pregunta tal cual la formuló Alshej en su
comentario a la Torá:
Merece
prestarse atención a lo que leemos: "Cuando escuchares la voz del Señor
tu Dios", ¿Acaso no dijo en el comienzo: "Y será que si escuchar
escuchares la voz del Señor... y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas las
bendiciones"? ¿Entonces porqué, después de haber dicho que en recompensa
del escuchar la voz del Señor vendrán sobre ti todas las bendiciones, volvió
a repetir "cuando escuchares la voz del Señor tu Dios"?
Esta
es realmente una redundancia asombrosa.
Malbim intentó contestar este interrogante, en forma original:
"Y vendrán sobre ti y te
alcanzarán todas estas bendiciones, cuando escuchares la voz del Señor tu Dios
. . ." No vayas a pensar, que si dedicarás todo el día solamente a la
meditación en el temor a Dios, y no te bastare el tiempo para dedicarte a tus
asuntos privados, salvo en lo muy imprescindible, en tu casa y en tu campo (pero
no en lo superfluo). Entonces, ¿cómo cuidarás de tu posición frente a los
pueblos que te rodean? Planearían alguna depravación contra ti y ni siquiera
te percatarás de ello. Por ello nos dice: "Y vendrán sobre ti y te
alcanzarán todas estas bendiciones, cuando escuchares la voz del Señor tu
Dios", como si diría: a pesar de que ocupes toda tu vida en poner cuidado
de obedecer la voz del Señor, se cumplirán en ti todas las bendiciones, por
cuanto te perseguirán y te alcanzarán.
Malbim
nos enseña pues, que no desperdicie el hombre sus fuerzas y su tiempo - en una
palabra: su vida - en satisfacer exclusivamente las necesidades corporales; no
ha de olvidar que ello no es sino un medio, y no ha de convertir un medio en un
fin supremo. Evidentemente es ésta una gran verdad para su tiempo y para todos
los tiempos, pero, desde el punto de vista idiomático se puede objetar fácilmente
su comentario. Dado que interpreta: "cuando escuchares" como si diría:
"a pesar", tal como lo afirma en su comentario: "a pesar de que
ocupes toda tu vida en poner cuidado de obedecer la voz del Señor". Es difícil
aceptar esto, ya que, a pesar de que el vocablo "ki" tiene varias
acepciones,[2]
no encontramos ningún caso que se pueda interpretar "a pesar" o
"aunque".
¡
Por esa razón, parece más acertada la interpretación del autor del
"Haktav Ve-hakabalá", quién también se encontró con la misma
dificultad en la construcción del versículo que comienza condicionando:
"Y será que si escuchar escuchares", prosigue con su consecuencia la
recompensa: "y vendrán sobre ti y te alcanzarán todas estas
bendiciones", y finaliza volviendo a la misma condición con la cual comenzó:
"cuando obedecieres la voz del Señor tu Dios".
Siendo
la respuesta de acuerdo a su opinión:
La
función gramatical del vocablo "ki" es la misma que del vocablo
"asher" [3]:
copula una oración que es la causa, con otra, que es su consecuencia,
verbigracia: "¿Quién soy yo, para que vaya al Faraón...?" (Shemot
3, 11). Nos anuncia con ello el objetivo que persiguen estas bendiciones; que
por medio de ellas el hombre estará despreocupado para poner cuidado en el cumplimiento
de la Torá, puesto que cuando el individuo está enfermo, hambriento o en
estado similar, su mente no está despejada para que se pueda dedicar de lleno
al debido cumplimiento de los mandamientos. Por eso, nos asegura, que cuando ha
de cumplir con todos los preceptos, se le allanarán todos los obstáculos, El
hará afluir sobre él toda la gracia que le fortalecerá en el cumplimiento
de la Torá. Las bondades emanadas de todas estas bendiciones, no son en
recompensa de los mandamientos cumplidos - ya que la recompensa de los
mandamientos no se paga en este mundo - sino que son factores causantes de la
vida en el mundo venidero.[4]
Resulta
entonces que la palabra "cuando" del final del versículo 2, no
indica una condición, sino un objetivo: a fin que puedas obedecer la voz del Señor
tu Dios. Es decir: La recompensa por el cumplimiento de los mandamientos, es
el mandamiento mismo.
"La
serie de bendiciones que el Señor derramará sobre ti, comienza con
"Bendito serás en la ciudad . . .", y termina con una oración-resumen:
Bendito
serás en tu entrar, y bendito serás en tu salir. 28, 6
Nuevamente
se extrañaron los comentaristas ante tal formulación: es sabido que el salir
precede al entrar, ya que el hombre se encuentra originalmente en su casa, en su
región, en su país.
Asimismo leemos en la Canción de las Subidas (Tehilim 121, 8): "El Señor
guardará tu salida y tu entrada".
El
Talmud nos trae la respuesta que dio Rabí Yojanán a este interrogante, en el
tratado Bavá Metziá 107a:
"Bendito
serás en tu entrar, y bendito serás en tu salir". Que tu salida del mundo
sea igual a tu entrada al mundo. Así como tu entrada al mundo fue libre de
pecados, así también tu salida del mundo sea libre de pecados.
Tratándose
de la entrada al mundo (nacimiento) y de la salida del mundo (muerte), resulta
ya más comprensible el orden de las bendiciones, y con mucha razón ha
antepuesto el versículo la entrada a la salida.
Pero
en un detalle no satisface la respuesta de Rabí Yojanán. Puesto que
aparentemente no se dirige el versículo al individuo sino al pueblo, por eso
hemos de explicarlo como una bendición al pueblo en general. Aún considerando
esta observación, Rabí Anselmo Astruc, justifica la anteposición de la
entrada a la salida, en su libro "Midrashei Ha-Torá":
Leemos
con referencia a David (Tehilim 121, 8): "El Señor guardará tu salida y
tu entrada", ¿por qué entonces, la Torá antepone la entrada a la salida,
como leemos: "Bendito serás en tu entrar, y bendito serás en tu
salir"?
Hemos
de decir, que el Señor de los Profetas, les aseguraba y bendecía la llegada
al país, y les aseguró que estarían protegidos por la Providencia, a su
llegada; y luego les dijo: "Y bendito serás en tu salir", que aún en
el lamentable caso de que pequen y se vean obligados a abandonar el país, lo
harán bajo la protección de la Providencia, y con el fin de que se corrijan;
de la misma manera como castiga el padre a su hijo, con la sola intención de su
bienestar; y en el exilio les evitará su destrucción, y no anulará Su pacto
con ellos. A eso se refiere cuando leemos (Vayikrá 26, 44): "Mas ni aún
por todo esto, estando ellos en la tierra de sus enemigos, los habré desechado,
ni los habré detestado . . ." Pero, el Cantor Melodioso, el rey David,
luego que ellos ya se encontraban allí, les advirtió, que a causa de sus
pecados saldrán al exilio, y que entonces, se los cuidará del exterminio;
anunciándoles su vuelta y entrada al país hasta la eternidad. Por eso finaliza
allí diciendo el versículo: "Desde ahora y para siempre".
No
obstante, de acuerdo a la relación de los versículos, que tratan todos de la
riqueza y del patrimonio, de la casa y de la vid, del establo y del campo,
parece más correcta la interpretación que ofrecen los Sabios en el Midrash
Rabá, Devarim:
En
tu llegada a tus negocios, y en tu salida de tus negocios.
Amplió
esto el autor del "Haamek Davar":
Con
toda seguridad, no se trata exclusivamente de los negocios, la prueba está, que
aquí se refiere más bien a los asuntos de la casa y del campo. Debemos
explicar pues: En tu entrada a tus intereses y en tu salida de tus intereses.
Siendo así, es correcto el orden.
¿Qué nos enseña? Que la mayor de las bendiciones, es que todos los
asuntos mundanos, el trabajo y la búsqueda de la mantención diaria, no te
embrutezcan, y que la bendición del Señor te guarde y te de las fuerzas
necesarias para triunfar en todas las pruebas. Es decir: La recompensa de un
mandamiento, es el mandamiento mismo.
Ese
mismo pensamiento nota el autor de "Haamek Davar" en el versículo 9
de nuestro capítulo:
El
Señor te establecerá por pueblo santo Suyo, como te tiene jurado, cuando
guardares los mandamientos del Señor tu Dios, y anduvieres en Sus
caminos. 28,9
Haamek
Davar:
"Cuando
guardares los mandamientos": De manera, que cuando alguien quiera
conducirse con santidad y con devoción, quisiera abandonar la práctica de los
mandamientos, que a veces impiden la devoción; nos advierte, que es
imprescindible el cumplimiento práctico de los preceptos; de aquellos que
corresponden al servicio divino, y de aquellos que pertenecen a las relaciones
con el prójimo. Ese es el significado de "Y anduvieres en Sus
caminos", según el comentario de nuestros Sabios: "Así como El es
misericordioso, también lo serás tú, etc.".
Nos
parece más acertado considerar que "cuando guardares" no es una
condición, puesto que la condición ya encabezó este capítulo, sino, que es
una bendición, que establece que alcanzarás la santidad y la comunión con el
Señor, aún cuando cumplas con la práctica de los preceptos divinos...
Existen
diversos mandamientos, imposibles de llevar a cabo en estado de éxtasis en
especial el "y anduvieres en Sus caminos" que regla las relaciones
humanas, y por ende distrae la atención de la santidad y del éxtasis; no
obstante: "El Señor te establecerá por pueblo santo Suyo", e
inmediatamente después de poner en práctica los preceptos, alcanzarás la unión
en éxtasis y la santidad, tal como te lo propusisteis al principio: ello se
deberá a la ayuda divina y a Su bendición, como está escrito acerca de Abraham
nuestro Patriarca (Bereshit 18) que al recibir a los invitados, se santificaba
y unía a Dios, al cumplir con el precepto de la hospitalidad.
En
forma asombrosa distingue el autor del "Haamek Davar" entre la práctica
de los preceptos y los grados de comunión y santidad. Debido a que la realización
del precepto introduce al individuo en la vida práctica, más aun, en la vida
profana, y quizás en lo profano de lo profano - el trato y relaciones entre los
hombres - y aparentemente lo aleja de los asuntos de la santidad y la devoción.
Y
dado que el cumplimiento de los preceptos está unido en gran medida con la vida
mundana, existe el peligro que distraiga su atención de los valores eternos.
Según
la opinión del autor del "Haamek Davar", ésta es la más grande de
las bendiciones; que si guardarás los mandamientos divinos, el resultado será
que no te apartarás de la santidad en tu vida mundana, en tu trato con los demás
y en tu labor cotidiana, ni tu vida mundana te separará del Señor, a Quién
serás devoto también entonces. Es decir: La recompensa de un precepto - es el
precepto mismo.
Tomado
de: “Reflexiones sobre la
Parasha”, Prof. Nejama Leibovitz, publicado por el Departamento de
Educación y Cultura Religiosa para la Diáspora de la
Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986
págs. . 286-293.
[1]
La
traducción de los versículos en esta lección es literal a fin de hacer
comprensibles los comentarios que se han de citar.
El
vocablo "ki" tiene cuatro acepciones: 1) si, cuando; 2) quizás,
tal vez; 3) sino, por el contrario; 4) que, ya que, de que, por cuanto, para
que (N. del T.)
[4]
Rabí Yakob Tzví Meklenburg, autor de "Haktav Ve-Hakabalá",
sigue en su comentario a Rambam, que ve la recompensa que la Torá promete a
los cumplidores de sus preceptos en las condiciones óptimas que el Señor
otorgará para permitir el fiel cumplimiento de los mandamientos. Dice así
Rambam en su prólogo al comentario del capítulo Jelek, del tratado Sanhedrín
del Talmud: "Te explicaré el sentido de las bendiciones y de los
castigos escritos en la Torá. Te dice: si cumplirás los mandamientos, te
ayudaré en su realización y en su perfeccionamiento y te allanaré todos
los inconvenientes y obstáculos; puesto, que es imposible al hombre cumplir
con los preceptos cuando está enfermo, hambriento o sediento, ni tampoco
durante la guerra, por eso declaró que allanará todos estos inconvenientes
y serán sanos y sosegados, hasta que perfeccionen su saber y merezcan la
vida del mundo venidero. Es obvio, que la recompensa al cumplimiento de los
preceptos de la Torá no puede consistir en todas estas cosas.
De
la misma manera: si han violado el cumplimiento de los preceptos de la Torá,
su castigo consistirá en que les sobrevendrán todas esas calamidades,
hasta no poder cumplir los mandamientos; como lo advierte el versículo
(Devarim 28, 47-48): "Por cuanto no serviste al Señor tu Dios con
alegría y con regocijo de corazón cuando abundaba todo, por lo mismo, a
tus enemigos, que el Señor enviará contra ti, los servirás en hambre, y
en sed, y en desnudez, y en necesidad de todo . . ." Cuando medites
debidamente, caerás en la cuenta que es como si te diría: Si has realizado
parte de los mandamientos con amor y diligencia, te ayudaré a cumplirlos
todos, allanando de tu camino todos los obstáculos; pero, si dejarás de
cumplir despectivamente con algún precepto, llenaré tus sendas de todas
clases de obstrucciones que te impedirán cumplir precepto alguno; no podrás
llegar a la perfección y no merecerás la vida en el mundo venidero. Ese es
el sentido de lo que afirmaron nuestros Sabios: "La recompensa por el
mandamiento - es el mandamiento mismo".
Consultar:
Bamidbar 27, 16-17: ". . . un hombre que esté sobre la congregación,
que salga delante de ellos, y que entre delante de ellos . . .";
Devarim 31, 2: ".
. . no podrá ya salir ni entrar más . . “ ; en las palabras de Kalev:
". . . cual era mi fuerza entonces, así es mi fuerza ahora para la
guerra, tanto para salir como para entrar" (Yehoshúa 14, 11). Y en la
profecía de Zejariá (8, 10): "ni tampoco había paz, a causa del
adversario, para quién salía o entraba".