Parashat Naso
LA BENDICION DE
LOS SACERDOTES
Por Nejama Leibowitz
Estos versículos son conocidos no sólo por los
estudiosos, sino también, por todos aquellos que concurren a las Sinagogas, ya
que se ven agraciados por estas bendiciones, de boca de los kohanim, hasta el
día de hoy. De ahí, que debido al gran conocimiento de estos versículos,
lleguemos a olvidar su verdadero contenido, o a obviar sus dificultades. La
senda por la cual la persona transita, hollada por sus pies día tras día, aún
cuando estuviese empedrada con mármol y piedras preciosas, dejará de despertar
en él admiración. Y aún cuando estuviese sembrada de escollos y tropiezos, no
advertirá, aquella persona, las dificultades que ocasiona el transitar por
ella.
Muchas son las dificultades en la comprensión de
estos versículos. El autor del libro Akédat Yitzjak, formula en la siguiente
forma la cuestión principal:
¿Qué beneficio persigue este
mandamiento, según el cual los kohanim recitan al pueblo estas bendiciones,
puesto que es El, ensalzado sea, quien bendice? ¿Qué es lo que se agrega y
suma, al bendecir los kohanim al pueblo, o al dejar de hacerlo? ¿Acaso ellos
han de ayudar al Señor?
Esta fundamental cuestión está ya incluida en las
palabras que los versículos usan. Comienzan con "de esta manera habéis de
bendecir", palabras éstas dirigidas a los sacerdotes, y terminan con las
palabras del Señor "Y Yo los bendeciré".
Sin embargo existe una solución muy simple para
esta situación. Si se afirma que el pronombre "los" no denota a los
hijos de Israel bendecidos por los kohanim, sino a los propios kohanim que
bendicen al pueblo. En esta forma se expresa en el Talmud (tratado Julín 49a),
Rabí Yishmael:
Hemos aprendido la bendición a Israel pero no hemos
aprendido la bendición a los propios kohanim. Más cuando el versículo dice
"Y Yo los bendeciré" debemos interpretar: los kohanim bendicen a
Israel y el Todopoderoso bendice a los kohanim.
Sin embargo, la mayoría de los comentaristas, no
aceptaron esta solución. Y así encontramos a Rashbam que dice (en el comentario
al hemistiquio "De esta manera habéis de bendecir".):
Esto significa: no bendeciréis
vuestra propia bendición, como una persona que dice "que le alcance a
aquel, ésto o aquello", mas rezaréis a Mi para que Yo los bendiga, como
leemos expresamente: "El Señor te bendiga". Y Yo escucharé vuestras
palabras y bendeciré a Israel, como leemos: "Así ellos pondrán Mi nombre
sobre los hijos de Israel" - al bendecir los kohanim en Mi nombre y no en
el de ellos - "Y los bendeciré" a Israel; tal como los sacerdotes
rogaron: "El Señor te bendiga . . “
De este mismo modo explicaron el versículo los
Sabios del Talmud. Y éstas son sus palabras en el Midrash Tanjuma:
Dijo la Congregación de Israel,
(Kneset Yisrael), ante el Todopoderoso: "Señor de los Cielos ¿Ordenas a
los kohanim que nos bendigan? Tenemos menester sólo de Tu propia bendición,
`Mira desde Tu santa morada, desde el cielo, y bendice a Tu pueblo
Israel'." Respondióles el Todopoderoso: "A pesar que ordené a los
kohanim que os bendigan ¡Yo estaré con ellos y os bendeciré!"
Vemos en los conceptos de los Sabios, que el papel
desempeñado por los kohanim es sólo secundario, y en modo alguno decisivo.
Más esta idea se ve expresada con mucho mayor vigor
y claridad en los siguientes fragmentos, donde la importancia de los kohanim
se ve más aún disminuida, y el poder de emitir bendiciones por su propia
autoridad les es negado completamente:
Sifrí:
¿De dónde aprendimos que los hijos
de Israel no deben decir: "Nosotros bendeciremos a Israel"? Pues
leemos "y Yo los bendeciré".
Sifrí Zuta:
Podríamos pensar que si los kohanim
aceptan bendecir a Israel - serán benditos, y si no - no lo serán. Por ello
está escrito: "Y Yo los bendeciré". Quieran los kohanim, o no
hacerlo, "Yo los bendeciré", desde los cielos.
Todos estos fragmentos de los Sabios, tratan de
desarraigar de nosotros toda posible interpretación mágica. Mas, aún no hemos
encontrado en ellos respuesta a la pregunta que pusieron en boca de la
Congregación de Israel.
"¿Ordenas a los kohanirn que
nos bendigan? Tenemos menester sólo de Tu bendición".
Para solucionar este problema, debemos investigar
la correcta acepción del verbo "barej" = bendecir, que aparece aquí
dos veces, la primera vez como acción de los sacerdotes, y la segunda del
Señor, "habéis de bendecir" y "Yo los bendeciré". Quizás el
Texto Sagrado use esta palabra en dos acepciones distintas, y la
"bendición" en boca de los sacerdotes, no es equivalente a la
"bendición" del Señor.
Precisamente en esta forma explica Abravanel el
concepto "Bendición".
El vocablo "Berajá" = bendición es
homófono, puesto que expresa el prodigar el bienestar, como leemos: "Y el
Señor habrá bendecido a Abraham en todo" (Bereshit 24, 1).
Pero también corresponde a la expresada por las
criaturas al Señor. Esta es alabanza y loa, como leemos: "Luego David bendijo
al Señor" (Divré Hayamim 1, 29, 10). Y existen además bendiciones de las
criaturas entre ellas. No es la concesión de bienestar como la del Señor, ni
alabanza o loa como la de las criaturas al Señor, sino oración y pedido de
misericordia, para que el Señor conceda el bienestar al bendecido. Este es el
sentido de los versículos "Habla a Aharón y a sus hijos, y diles: De esta
manera habéis de bendecir diciéndoles . . ."
Ellos sólo ruegan por la bendición. Este es el
sentido de las palabras "diciéndoles . . .", el contenido de sus
palabras debe ser sólo oración y plegaria ... Nada más.
La bendición, como cesión de bienestar al bendecido
se ve reflejada sólo en el final de las últimas oraciones: "Y Yo los bendeciré",
como también al principio de la primera: "¡El Señor te bendiga!".
Sólo cuando el sujeto gramatical es el Señor expresa la real entrega y
prodigación del bien. (Sentido éste que ya R. Abraham Ibn-Ezra reconoció en su
comentario al versículo en el que el Creador bendice al séptimo día [Bereshit
2, 3]. La berajá es para él,
"aumento de bondad"). En la otra acepción del vocablo, cuando el
sujeto es hombre - ella no es sino oración y plegaria, más no entrega.
Continuando esta idea, hace R. Shimshon Rafael Hirsch varias observaciones,
para corregir a todos aquellos que erróneamente tratan de buscar aquí
asociaciones o reminiscencias de clericalismo, como institución religiosa, en
manos de cuyos funcionarios se encuentran las llaves de las bendiciones, y
que poseen el poder de abrir o cerrar los manantiales del bienestar. Así se
expresa Rav Hirsch:
"De esta manera habéis de bendecir a los hijos
de Israel": El sacerdote que bendice no es sino un instrumento, que
expresa la bendición. La muerte de los hijos de Aharón (Vayikrá 10) los
primeros novicios en el sacerdocio, determinó como ley inflexible que sólo el
ritual "que el Señor mandó" es considerado ritual, y un ritual
"que no les había mandado", producto del hombre y de su inventiva -
es abyecto y contrario al servicio aceptable del Señor.
Esta ley es aplicable a la bendición de los
kohanirn "De esta manera habéis de bendecir . . .". Exactamente, de
esta manera, sin ninguna modificación, ésta es la ley ... De acuerdo a ésto,
los kohanim y sus bendiciones son sólo instrumentos pasivos, sólo luego de
haber sido invitados por la congregación, dicen la bendición que el
representante de la grey les dicta. De esta forma por boca de los kohanim, la
comunidad bendícese a sí misma con la bendición que el Señor les prescribió.
Más con todo ésto, aún no nos hemos
apaciguado. Si ésto es así, ¿para qué necesitamos al Kohen que bendice? Esta
asociación entre el hombre y Dios, esta "ayuda" que Dios nos ha
prescripto que le otorguemos, la encontramos repetidas veces en la Torá y en
los Profetas en la forma de versículos paralelos que exigen alguna acción
humana y luego prometen que esta misma acción será realizada por el
Todopoderoso.
Un versículo exige de nosotros:
Devarim 10, 16: Circuncidad, pues,
vuestros corazones.
Y otro nos promete:
ibid. 30, 6: Y el Señor, tu Dios,
circundará tu corazón.
De la misma manera:
Yejesquél 18, 31: Y hacéos un corazón nuevo y un
nuevo espíritu.
ibid 36, 26: También os daré un nuevo corazón y
pondré un espíritu nuevo en medio de vosotros.
Esta cooperación encuentra vigorosa
y certera expresión en el tratado Shabat (89b) del Talmud que dice en un
lenguaje símbolo-metafórico:
Cuando Moshé subió a las alturas, encontró al
Todopoderoso colocando ornamentos a las letras de la Torá. Preguntóle (el Todopoderoso)
: "¿Moshé, no hay shalom en tu ciudad?". Dijo ante El (Moshé) :
"Señor del Universo, ¿Puede acaso el esclavo saludar a su amo?"
Díjole: "¡De todos modos, debiste haberme ayudado!"
Estas críticas y raras palabras
fueron explicadas por uno de los comentaristas, Rabí Jaim Yosef Polak.
"Preguntóle el Señor: ¿Haz
tratado tú también como conductor de tu pueblo, buscar la paz (shalom) de la
sociedad en la que te encuentras, y su existencia y perfección moral a través
de una correcta dirección y guía espiritual? Más Moshé creyó que el hombre no
es suficientemente capaz para conseguirlo (de dar shalom = paz a su ciudad), ya
que la disolución y la corrupción son ya inherentes a la naturaleza humana
hasta tal punto que aún cuando logre la sociedad corregir su senda y mejorar
sus acciones, no logrará con ello subsistir más tiempo de lo que Dios, Creador,
Conductor y Preservador del universo, ha puesto para el hombre y la sociedad
según la naturaleza. A ésto respondió: "¿Puede acaso el siervo saludar a
su amo?". Por ello es que el Señor le indicó: Es cierto que todo depende
de El y su Voluntad, más a pesar de todo, es deber del hombre purificarse a sí
mismo y a la sociedad humana en la cual mora por medio de sus virtudes, ya que
solamente de esta forma estarán adecuadamente preparados para recibir la
influencia divina, al igual que la parcela de tierra que mientras no sea arada
y sembrada, ni la lluvia y el rocío podrán volcar en ella su acción benéfica.
Esto es lo que el Señor le contestó: "¡De todos modos, debiste haberme
ayudado!"
Esta ayuda es el significado del "De esta
manera habéis de bendecir . . .", y se halla expresamente incluida en el
mandamiento "Así ellos pondrán Mi nombre" - que significa abrir los
corazones de Israel ante el Padre Celestial, al igual que el arado y la siembra
abren la tierra para recibir la bendición de las lluvias.
Esta bendición no es formulada por los sacerdotes
mismos, no sale de sus bocas o sus corazones, la formulación fue dada por la
Torá, y los sacerdotes sólo cumplirán el "de esta manera habéis de
bendecir . . .". La bendición que es tríada, encontramos en cada una de
ellas dos verbos, entre los cuales se encuentra el Nombre de Dios.
La primera: "¡El Señor te bendiga, y te
guarde!"
Dos verbos aparentemente sinónimos, pero que no lo
son.
Rashí. (sobre "te bendiga"):
Que se bendigan tus propiedades.
Rashí: (sobre "Y te guarde"):
Que no caigan sobre ti asaltantes a
quitar tu dinero. Aquel que otorga un presente a su siervo, no puede guardarlo
de los hombres, y si caen sobre él bandoleros, y le quitan el presente, ¿qué
provecho tiene de él? más, no así el Todopoderoso, El otorga, y El guarda.
Haamek Davar (sobre "te bendiga"):
Se incluye aquí a toda persona que
será bendecida de acuerdo a lo que le es apropiado. Al estudioso de la Torá -
en su estudio, al que se dedica a los negocios - en sus negocios, a cada uno un
acrecentamiento de lo que posee.
Haamek Davar (sobre "Y te guarde"):
Ya que la bendición necesita de la
vigilancia, para que no se vuelva contraproducente, líbrenos Dios. El estudioso
necesita cuidado del orgullo, y de la profanación del Sacro Nombre, etc., y en
el concepto llano, del olvido. El propietario debe estar cuidado, no sea que
las riquezas se vuelvan contra él, como el caso de Koraj y el de Navot, y en el
concepto llano de pérdidas y robo.
De cualquiera de las dos formas que expliquemos, el
contenido de la primera bendición es material.
La Segunda: "¡Haga el Señor resplandecer Su
rostro sobre ti, y tenga de ti compasión!"
El resplandecer de Su rostro es explicado en
Bamidbar Rabá (11, 6):
En la luminaria de la Torá, como
leemos "Los mandamientos son luminarias, y la Torá es luz".
Podemos unir a ésto el segundo verbo "Y tenga
de ti compasión", es decir simpatía y merced a los ojos de todos. De esa
simpatía que emana de la luz de la Torá, como lo expresa Resh Lakish:
"Todo aquel que se dedica al estudio de la Torá de noche, el Todopoderoso
le otorga una fibra de simpatía durante día". Vemos así, como la segunda
de las bendiciones se encuentra íntegramente en el mundo del alma y del
espíritu
En el primer hemistiquio de la tercera bendición,
ve Rabí Shimshon Rafael Hirsch el punto culminante de todas ellas: "¡Alce
el Señor Su rostro sobre ti! . . ."
Los bienes terrenos y espirituales son solamente
medios, mientras que la tercera bendición no está dedicada a la adquisición de
medios materiales o espirituales. La vida entera con su exuberancia y su
bullicio, con su riqueza material y logros espirituales, no es sino un medio
para acercarnos al servicio del Señor.
La tercera bendición habla de la meta misma, del
bien supremo por encima del cual nada hay ya, como dice el salmista:
Pero yo hallo mi bien en acercarme a Dios. Tehilim
73, 28
El segundo hemistiquio de la tercera bendición,
debe ser comprendido de acuerdo a lo que los Sabios dijeron en Sifrá Bejukotai
7, (sobre el verso: "Y comeréis vuestro pan ... y Yo estableceré la paz en
el país".):
Diréis quizás: Hemos aquí la comida,
la bebida, más si no reina la paz, ¡de nada vale! Por ello está escrito: "Y
Yo estableceré la paz en el país". De allí deducimos que la paz equivale a
todo.
Es realmente ésta una perfecta conclusión, que
concuerda con todas las otras bendiciones. Puesto que "no hay un
recipiente que contenga más bendiciones, que la paz".
Si observamos ahora la forma exterior de las tres
bendiciones, veremos que hasta en este aspecto nos encontramos frente a una
progresión creciente, que surge y crece cual manantial vivo:
¡El Señor te bendiga
y te guarde!
¡Haga el Señor resplandecer
Su rostro sobre
ti
y tenga de ti compasión!
¡Alce el
Señor Su
rostro sobre
ti
y te conceda la
paz!
De tres palabras llegamos a cinco, y a siete (en el
original hebreo).
Cada bendición, en su contenido y en su forma - que
no es sino expresión de su idea interna - se eleva, en poder y alcance, por
sobre la que la precede.
Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama
Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación y Cultura Religiosa
para la Diáspora de la
Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 págs. 198-204