Parashat Behaalotja
EL PESCADO
QUE EN EGIPTO COMIAMOS DE BALDE
Por Nejama Leibowitz
Concluyeron todos los preparativos para la travesía (parashot Bamidbar,
Nasó y comienzos de Behaalotjá). Se establecieron ya las normas que debían
regir el acampar y el partir (9, 15-22). Se prescribió la fabricación de las
trompetas (10, 1--10), como la forma de usarlas, los sones de Tekiá y Teruá.
"Y aconteció que en el año segundo en el mes segundo, a los veinte del
mes, se alzó la nube de encima del Tabernáculo del Testimonio. Entonces los
hijos de Israel se pusieron en marcha conforme a sus jornadas" (10,
11-12).
Toda la travesía en el desierto fue conducida y vigilada por la Divina
Providencia, que cual Rey iba frente a ellos. "Por orden del Señor
acampaban, y por orden del Señor se ponían en marcha", y toda la travesía
por el "desierto grande y espantoso, de serpientes ardientes y
escorpiones, y de sequía en donde no hay agua..." (Devarim 8-15) no es
sino un continuo avance hacia la meta, la tierra prometida, ¡avance realizado
con medios sobrenaturales y acompañado de grandes milagros!
Y aquí, esta generación se revela en su impotencia de subsistir en esta
situación sobrehumana, de vivir una vida de verdadera libertad, emancipados de
la esclavitud externa e interna, comiendo "el grano celestial... el pan
de los poderosos" (Salmos 78, 24-25), que de acuerdo a la interpretación
de Rashí es el "pan de los ángeles" otorgado directamente por Su
rebosante, abierta y amplia mano. Y aquí aparecen y se entremezclan las añoranzas,
y las ansias hacia una vida más simple, de esclavitud, subyugada a los
hábitos, los deseos y las pasiones.
Estas añoranzas se revelan por primera vez inmediatamente después del
éxodo de Egipto, a la vista del primer peligro (Shemot 14, 10-12), de
"los egipcios que marchaban a la pos de ellos"; inmediatamente
olvidáronse de todos los grandes milagros que vieron con sus propios ojos, y
que se renovaban ante cada nueva dificultad que aparecía en su ruta. (Ver
parashat Beshalaj, Shemot cap. 16 y 17.) Estas añoranzas desbordan ahora en
nuestra parashá, y se vuelcan como un siniestro torrente en las parshiot
Shelaj, Koraj y Jukat; turbio torrente de estrecha fe, ausencia de fe,
ingratitud, huída de la libertad a la servidumbre. He aquí que tropiezan vez
tras vez, al caer de las alturas, de sobre "alas de águilas", a las
profundidades de las tiendas de los descontentos y de la comida del "grano
celestial", al grito de deseo de cebolla y ajo.
Y todo ocurrió tal cual lo describe el poeta divino en Los Salmos
(Tehilim 106, 7 y vs. sig.):
Nuestros padres no entendieron Tus maravillas en Egipto; no se acordaron
de la muchedumbre de Tus misericordias, sino se rebelaron junto al mar, el mar
Rojo. 106, 7
El empero los salvó por amor de Su nombre para dar a conocer Su poder. 106,8
Reprendió, pues, al mar Rojo, y (éste) se secó, e hízolos pasar por los
abismos, como por tierra seca. 106,9
Y salvóles de la mano de quien los aborrecía, y los redimió de la mano
del enemigo. 106, 10
Y cubrieron las aguas a sus adversarios, no quedó ni uno de ellos. 106,
11
Entonces creyeron a Sus palabras, y cantaron Su alabanza. 106, 12
Pero diéronse prisa a echar en olvido Sus obras; no esperaron a Su
consejo. 106, 13
Sino entregáronse a un deseo desordenado en el desierto, y tentaron a
Dios en el yermo.
106, 14
Y El les envió lo que pidieron, mas envióles una epidemia. 106,
15
También tuvieron envidia a Moshé en el campamento, y a Aharón, el santo
del Señor. 106,
16
Entonces abrióse la tierra y tragó a Datán, y cubrió el séquito a Avirám. 106,
17
El fuego también se encendió en la junta de ellos, la llama abrasó a
(aquellos) inicuos. 106,
18
También despreciaron la tierra deleitable, no creyeron a Su palabra. 106, 24
Sino murmuraron en sus tiendas, no escucharon la voz del Señor. 106,
25
Este descontento en las tiendas encuentra su clara y detallada expresión
en nuestra parashá:
Y la chusma (que de Egipto venía en medio) del pueblo, se dejó llevar de
una codicia vehementísima; y también los hijos de Israel tornaron y lloraron,
diciendo: "¿Quién nos dará de comer carne? 11,4
¡Nos acordamos del pescado que en Egipto comíamos de balde, de los
cohombros, y de los melones, y de los puerros, y de las cebollas, y de los
ajos! 11,5
¡Más ahora, nuestra alma se seca; no hay nada; no tenemos ante nuestra
vista sino este maná!" 11,6
Quien lea estas líneas quedará indudablemente desconcertado. ¿Es acaso
ésta la imagen que se forjó en nuestra mente sobre la vida en Egipto? ¿Dónde
quedó el trabajo de "arcilla y ladrillos, y todas las tareas del
campo"? ¿Dónde está la amargura de su vida por el trabajo duro, y las
tareas demoledoras? ¿Dónde quedaron los niños arrojados a las aguas? ¿Dónde
los guardias, los opresores, los torturadores?
Acaso el mismo Egipto llamado por la Torá "casa de esclavitud",
acaso ese "crisol de hierro" ¿se refleja en su memoria como un lugar
de veraneo, un hogar hospitalario, en el que los huéspedes reciben de comer y
beber gratuitamente, sin dinero?
Los Sabios ya quedaron perplejos antes estas añoranzas a Egipto, "dónde
comían pescado de balde", y dicen en Sifrí 5:
"Nos acordamos del
pescado": ¿Es acaso posible que los egipcios les proporcionasen pescado
gratis? Está escrito (Shemot 5, 18): "Y ahora, id, trabajad, y no se os
dará paja". Paja no les daban gratuitamente, ¿pescado acaso sí? ¿Cuál es
entonces el significado de la palabra "gratuitamente"?:
gratuitamente, sin mandamientos.
Esta respuesta, "gratuitamente, sin mandamientos" parece extraña
y alejada del tema central de sus quejas. A pesar de todo, precisamente esta
versión no-literal (derash) se encuentra mucho más cercana al verdadero y
profundo sentido del versículo, que los comentarios aferrados al sentido
estricto (peshat). Más, antes de entrar a analizar el comentario de los Sabios,
observemos cual es la respuesta que con gran asombro nuestro ofrecen los diversos
comentaristas que tratan de adherirse al auténtico sentido del texto,
alejándose de los midrashím. Comenzaremos con un comentarista que se identifica
a sí mismo con esta corriente, R. Abraham Ibn-Ezra, que escribe:
"De balde": barato,
como si fuese gratuito.
Esta es una forma demasiado simple para sobreponerse a las dificultades.
Substraemos a la palabra de su sentido restringido, dándole un significado más
amplio. No debemos pensar que es un descubrimiento exclusivo de Ibn-Ezra. Ya
afirmaron sobre cierto número de versículos - los Sabios - que: "la Torá
habló en forma exagerada".
La cuestión no es si un comentario tal es lícito sino, si concuerda
aquí con el texto y con el tema central. Si bajo este aspecto, estudiamos su
comentario, veremos que no concuerda, en absoluto, con el espíritu de los
versículos. ¿Acaso los israelitas se quejaban del alto precio, con el cual se
vendían estos artículos, y añoraban la baratura con que era posible conseguirlos
en Egipto'? ¡Indudablemente, no!
Otros comentaristas tratan de resolver la dificultad presentada por el
Sifrí, pero quedando fiel al significado literal de "de balde":
Comencemos citando a Rambán:
De acuerdo a su sentido literal (peshat), el significado
de la expresión "que en Egipto comíamos de balde" sería: Los
pescadores egipcios se servían de ellos para recoger los peces de las redes, y
les entregaban parte de los pescados, como es costumbre de todos los que
tienden las redes. Los cohombros, los melones, los puerros y la cebolla y el
ajo, eran en Egipto muy abundantes, ya que éste era país fértil cual vergel, y
al trabajar en las huertas y en el campo, comían de las hortalizas.
Es también posible, que siendo los israelitas
esclavos reales que trabajaban en sus obras, dábanles de comer pan magro y agua
medida, y ellos se esparcían en la ciudad y entraban a las huertas y a los
campos y comían de las hortalizas, sin que nadie podía protestar, como es
habitual que ésto ocurra en los siervos del rey, y a la orilla del Nilo les
proporcionaban pequeños peces, que no tenían valor en Egipto, tal cual expliqué
en la parashá Shemot.
El lugar
al cual corresponde esta cita, es el fragmento de su comentario a Shemot (1,
11) donde describe la vida de pobreza y sufrimiento en Egipto:
"Comisarías de tributos, a fin de
reprimirlo". Además decretaron trabajo duros de ladrillos y arcilla, ya
que. en un comienzo los comisarios les proporcionaban los ladrillos y los
siervos construían los edificios, mas ahora convirtieron a todo el pueblo a la
servidumbre obligándoles a proveerse del material y fabricarlo con sus manos y
pies, sin que se le sea entregado del palacio real nada, salvo la paja para los
ladrillos (Rambán describe aquí la situación del pueblo antes del decreto de la
paja, referido en el Cap. V.). Los siervos recibían de las otras personas del
pueblo los ladrillos para hacer los edificios.
Además les fueron encomendados todas clases de
trabajos arduos que el Faraón y los egipcios necesitaban ejecutar, como las
excavaciones y la limpieza de basuras, todo les fue encargado, y a todo ésto
eran azotados, para apurarles, y evitar que descansen y eran golpeados y
maldecidos. Este es también el significado del versículo que dice (Shemot 1,
14): "Todo el trabajo con que se servían de ellos, era con rigor".
Y el rey los alimentaba a pan magro, como es
costumbre en los siervos reales, y los "deseosos" del desierto
dijeron (Bamidbar 11, 5) : "Nos acordamos del pescado que en Egipto,
comíamos de balde, de los cohombros. ". . . ya que los pescados de Egipto
eran muy numerosos y ellos los pescaban por mandato real, y llevaban de las
huertas melones y puerros, sin que nadie protestase, ya que ésta era orden
real.
En forma similar explica Abravanel la expresión "de balde", en
su sentido literal, sin paga. Salvo, que él agrega a nuestra pregunta, la
pregunta del Sifrí - "¿Paja no les proporcionaban gratuitamente, pescados
acaso sí?" - una segunda pregunta:
¿Qué es lo que dijeron?
"¿Quien nos dará de comer carne ? . . . nos acordarnos del pescado. .
." Si ellos deseaban carne, ¿acaso el pescado podía servirles de
substituto? Realmente los que deseaban carne en la parashá Beshalaj (Shemot
16, 3) dijeron allí: "Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la
tierra de Egipto, cuando estábamos sentados junto a la olla de carne".
Mas, éstos no hablan correctamente, ya que comenzaron con la cuestión de la
carne y pasaron inmediatamente al pescado y a otras cosas que no son ni carne
ni pescado.
Y responde a las dos dificultades conjuntamente:
Lo que dijeron "Nos acordamos del pescado que
en Egipto comíamos de balde" era la respuesta a lo que el oyente podía
haberles replicado: "¿Porque os enojáis al no haber comido carne, acaso
habéis comido carne en Egipto? Indudablemente no, ya que erais pobres, y la
carne de Egipto es muy cara".
A ésto respondieron, "Ciertamente, si en
Egipto no comimos carne, comimos pescado que era numeroso como las aguas del
Nilo. Y no necesitamos dinero para comprarlo, ya que lo recibíamos de balde, y
sin paga". Y ésto era posible ya que el Nilo desbordaba y cada egipcio
cavaba un pozo que se llenaba de las aguas del Nilo, y al retirarse el río
quedaba lleno de peces, y en esta forma lo comían de balde.
Ya sea de
acuerdo a Abravanel, que afirma que todo egipcio podía comer gratuitamente
pescado, o sea de acuerdo a Rambán que afirmaba que éste era un privilegio de
los siervos del rey - podemos deducir de aquí, cuán poderoso es el poder
selectivo de la memoria. El horroroso precio con el que debían pagar estos pescados
gratuitos, quedó completamente borrado de la mente. La esclavitud, la
servidumbre, los suplicios, los golpes, los niños arrojados, todo este tremendo
precio pagado, quedó borrado de la memoria. Lo único que quedó - allí por lo
menos, se comía pescado gratuitamente.
El sentido oculto de la entrega de pescados gratuitamente por parte del
Faraón y su gobierno, es destacado más aún en el libro "Midrashé
Hatorá" de Anselmo Astruc:
Rashí escribió: "Que en Egipto comíamos de
balde" - gratuitamente, sin los mandamientos. A este comentario le llevó
la pregunta: Si paja no le daban gratuitamente, ¿pescado acaso sí? Mas, es
posible que paja no les suministraban para martirizarlos en el trabajo, pero
comida recibían en abundancia y gratuitamente, de lo contrario, ¿cómo les
hacían trabajar con tanto rigor de faltarle el alimento? Indudablemente les
abastecían de alimentos para obtener mayores posibilidades de hacerles
trabajar con mayor rigor.
Es lo que está escrito: (Mishlei 12, 10): "El
justo mira por las necesidades de su bestia, pero las compasiones de los
inicuos son crueles". Con ésto quiere decir, que el bienintencionado
conoce las necesidades de su bestia, y le limita su trabajo hasta lo razonable,
proveyéndole la cantidad de comida que necesita para ese esfuerzo, mientras que
el malvado le da de comer el doble para exigir de ella después mucho más. Y
ésta es la verdadera causa del que se apiade de ella dándole de comer más; en
realidad su intención es cruel, ya que quiere hacerla trabajar más de su capacidad
y costumbre, con rigor y sin compasión.
Y siendo
ésto cierto - no veían los que se quejaban, la amarga ironía que sus palabras
encerraban. Ciertamente, es verdad, recibían pescado en abundancia y
gratuitamente, pero ¿acaso no comprendían ellos cual era la causa de tanta
magnanimidad y prodigalidad? La verdadera intención era como lo expresaron los
Sabios: "Le dicen al asno: toma este Kur (antigua medida de
capacidad) de centeno, y te cortaremos la cabeza" (Citado por
Rashí, Bamidbar, 11, 22, sobre: "Acaso degollarán para ellos de ganado
menor y mayor").
Hasta aquí todos aquellos que tratan de explicar nuestro versículo en
forma literal, y que tratan de responder al asombro de los Sabios exponiendo la
amplia capacidad de desfigurar el pasado con la que nuestra memoria está
dotada. Los "codiciosos" olvidaron la enorme injusticia a la que se
hallaban sometidos, olvidaron los sufrimientos y las penas; quedaron en su
memoria únicamente algunos favores, algunas comodidades, los placeres de la comida
que gozaban - sin preguntarse por qué y para qué se les daba - y por ellos, por
estos placeres, se desvivían.
Sin embargo nos parece que los Sabios lograron observar con mayor
profundidad en sus corazones. ¿Acaso sólo por pescado y cohombros hicieron los
israelitas todo ese escándalo? ¿Acaso solamente ésto los sublevaba? ¿No debemos
buscar tras sus palabras que hablan de pescado, cohombros y melones, otros
deseos más ocultos, pero más poderosos? Sabemos que una multitud puede soportar
sufrimiento, pobreza y privaciones - con buena voluntad y hasta con fervor -
sólo si la meta por la cual sufre es la suya y se identifica con ella. A veces
desprecia su propiedad, su comodidad, su salud y aún su vida y la de sus hijos
por aquella meta excelsa o sagrada. Mas, sabemos también, que cuando el
descontento carcome el corazón del individuo o de la multitud, éste brotará y
explotará luego, apareciendo en forma de crítica, protesta, despecho y aún
difamación ante la más pequeña e insignificante causa. Toda pequeña dificultad
a la que con un mínimo esfuerzo podría sobreponerse, aparecerá como una
imponente montaña, y toda pequeña renuncia que le fuese exigida, le parecerá
tremenda injusticia y pillaje que contra él se comete. El verdadero
descontento, que anilla profundamente en el corazón no encuentra expresión
abierta y clara - ya sea debido a que él mismo lo desconoce, o por tratarse de
deseos deshonrosos, incalificables, inaceptables, que deben ser ocultados,
"reprimidos" - en su lugar aparecen en boca de los que se rebelan
pretextos pequeños pero constantes sobre cosas menudas, sin importancia. El
que observa ésto de afuera, se asombrará ¿Acaso por éstas pequeñeces es
menester levantar tanto alboroto? ¿Acaso por una nimiedad tal es posible que
estalle una rebelión? El ojo del simple observador no logra percibir y
distinguir la diferencia entre el pretexto, que dice la boca, y la causa real
interna que carcome el corazón.
Esta diferenciación, es la que destacaron los Sabios, al decir: ¿Qué es
"de balde"? - gratuitamente, sin los mandamientos. No fue la comida
ni la bebida, ni el pescado, ni los pepinos ni si eran entregados gratuitamente
o a bajo precio ni si eran frescos y comestibles, o si estaban enmohecidos; no
era ésto lo que deseaban, sino toda aquella libertad, de no tener que estar
sometidos a las exigencias de la cultura y de la auto-restricción, en la que
vivían siendo esclavos en Egipto. "El esclavo es feliz en su vida
licenciosa". El amo que gobierna a sus esclavos no se entromete en la vida
privada de sus siervos, sólo le interesa sus horas de trabajo y servidumbre; no
le preocupa su educación y sus represiones. Por el contrario, cuanto más esté
el esclavo sometido a su sensualidad, mejor será ésto para el amo. Se emborrachará,
golpeará a su compañero, se dedicará a la prostitución, al libertinaje, gastará
todas las energías que le restan, "y no harán caso de palabras
mentirosas" de libertad, de redención de las ligaduras de la esclavitud.
Dejará así de pensar en el honor del hombre creado a imagen divina que se ve
profanado día tras día por los opresores que lo maltratan. El amo no le dará
saber ni moral, serán sólo bestias de trabajo, y al esclavo le place esta
situación.
Con el Éxodo de Egipto, de la esclavitud a la libertad, sometiéronse
los israelitas a otra servidumbre; en el Sinay les fue impuesto el yugo de la
Torá y los mandamientos. Y esta ley constituye una auto limitación en la vida
del individuo y de la comunidad, en las relaciones entre vecinos, en la vida
familiar, en los días de trabajo y en los de reposo, en el comer y en el beber,
en la vestimenta y especialmente: en la vida sexual, se exige la auto
restricción de los instintos sexuales. Y todo este yugo, deseado por todo aquél
que lo acepta voluntariamente -- es a los ojos de los que están acostumbrados a
la esclavitud -- un yugo que oprime y molesta. Y esta es la causa - a los ojos
de los Sabios de todas aquellas quejas sobre el agua y el pan, la carne y el
pescado que en Egipto comíamos gratuitamente. ¿Gratuitamente? Ciertamente -
allí comíamos pescado gratis, sin mandamientos, libres del yugo de la Torá y
sus mandamientos.
El Midrash, en Sifrí 10, describe la conducta de los quejosos:
"Y oyó Moshé al pueblo; como familias enteras
lloraban" (Bamidbar 11, 10). Rabí Nehoraí decía: De aquí, que los
israelitas lamentábanse, al serles ordenado abstenerse de las relaciones
sexuales prohibidas. De aquí, que en aquella época desposaba el hombre a su
hermana y a su tía, y cuando Moshé les ordenó separarse de las relaciones
prohibidas, se lamentaron.
"Como familias enteras lloraban": Ya que
su corazón se enorgullecía por causa del pecado, se unieron familias,
familias, y difundían ésto en público. (Cada persona se quejaba y lamentaba y
difundía su queja en público.)
Rashí sintetiza las palabras del Sifrí y cita los dos comentarios:
"Familias enteras
lloraban": familias-familias, se reunían y lloraban expresando
abiertamente su queja. Y nuestros Sabios dijeron: "Familias" - sobre
los asuntos de su familia, sobre las relaciones sexuales que les fueron
prohibidas.
Vemos pues, que también este versículo, al igual que el anterior
"Que en Egipto comíamos de balde" explica en forma superficial la
faz de la situación, lo aparente, que se ve con los ojos, mientras que el
"derash" ve lo oculto, le profundo, lo que se encuentra entre las
líneas de los versículos y revela la profunda capa del sentido de las palabras.
El "peshat" se ve con los ojos, el "derash" se observa con
el corazón.
Tomado de: “Reflexiones sobre la Parasha”, Prof. Nejama
Leibovitz, publicado por el Departamento de Educación
y Cultura Religiosa para la Diáspora de la Organización Sionista Mundial, Jerusalén, 1986 págs. 205- 215.