El Pa?s de las Maravillas

 

 

El País de las Maravillas

por Ezequiel Finkelberg

Israel es un país imposible. Quizá, en la doble acepción de la palabra. A primera vista puede resultar incomprensible cómo gente sensata desee todavía vivir en una tierra tan peligrosa como Israel. Por otro lado, un país que ha conquistado tantos éxitos enfrentando tantos inconvenientes no parece real. ¿Cómo es que una nación así existe?

Israel tiene muchos problemas. Tomemos su crisis económica. Desde que la violencia palestina se desató el 27 de septiembre de 2000 hubieron más de 20.000 despidos, la economía ingresó en recesión, la desocupación llegó a al 10% de la población activa. Terrible.

Sin embargo, todo esto está fuera de contexto. Así de distorsionada llegó la información al exterior. Algunos medios de comunicación extranjeros llegaron a comunicarse con sus corresponsales para preguntar si había “cacerolazos” como pocos meses antes se observó en Argentina.

En Israel la perspectiva era totalmente diferente. La gente se quejaba, protestaron, hicieron huelgas pero nadie olvidó que la desocupación en Israel es rotativa. Tampoco nadie sugirió disminuir la ayuda a los nuevos olim. Todo lo contrario.  La ayuda a los judíos que escapan escapar de Argentina se incrementó. Los diarios se llenaron de fotografías de los recién llegados, se los entrevistó y algunos incluso consiguieron inmediatos ofrecimientos laborales. La nueva ola inmigratoria es recibida con los brazos abiertos.

La economía de Israel siempre fue extraña. Representada por sus kibutzim en medio de una economía capitalista, ha aprendido a transformarse. Desde el cultivo de naranjas a la proliferación de chips para computadoras. El estereotipo del isrulik con su gorro “tembel” ha dejado paso al programador con su computadora portátil.

El estereotipo del judío se mudó de la golá a Israel primero, y de los campos a la ciudad después. Hace sólo un siglo, los principales centros de población judía eran la Europa Oriental y el mundo árabe. Esas dos zonas en la actualidad están casi despobladas de judíos. Occidente se ha vuelto la casa del nuevo hebreo. Dentro de occidente Estados Unidos se lleva el primer puesto. Israel el segundo.

Sin embargo, en veinte años todo volverá a cambiar y la brecha entre el viejo y el nuevo judío se incrementará. Israel volverá a sus fuentes y la mayoría del pueblo judío se encontrará en Judea. Un hecho como este no ocurría desde hace 2.500 años; desde la del Primer Templo construido por el Rey Salomón. ¿Cómo puede alguien siquiera sugerir que la empresa sionista fracasó?

El pueblo judío se encuentra en una encrucijada. A fines del siglo pasado, al mismo tiempo que surgía el sionismo político de Hertzl, había 60.000 judíos en Palestina.  Cincuenta años más tarde, durante la construcción del estado de Israel había 600.000. Ahora  somos cerca de seis millones. La población judía se multiplicó diez veces cada medio siglo.

El problema reside en que ya no hay judíos con los cuales multiplicar una vez más por diez. Pero ya no hay 60 millones de judíos con los cuales repetir la experiencia. Como la población árabe  sigue creciendo los judíos de Israel decidieron poner todo su empeño en terminar de una vez por todas las guerras que le fueron impuestas. El objetivo era preciso: lograr que cada comunidad tenga su estado. A éso se le dio un nombre conocido: Proceso de paz de Oslo.

Si bien en la actualidad cuando pocos dudan de su fracaso, tanto la izquierda como la derecha coinciden en la generosidad del ofrecimiento israelí. Fueron dadas “vueltas todas las piedras” en búsqueda de la tranquilidad para la ancestral Judea. 

¿Qué bueno puede decirse de la situación actual con atentados en casi todas las ciudades de Israel? La respuesta es muy simple.  Israel, si bien sigue luchando por su existencia o contra fuerzas que atacan las bases de su fundación, puede sentirse orgullosa de poder elegir la manera en la cual desea terminar la guerra.  Hay quienes quieren creen que la solución es la destrucción de la Autonomía Palestina, otros que se debe seguir presionando a su líder para que acepte una acuerdo incondicional. También hay quienes creen necesario retirarse unilateralmente de los territorios administrados y más allá sugieren la solución de una separación física entre las dos comunidades. Nada de esto sería hoy posible sin que la población judía de Israel tuviese una sensación de poderío. No solamente queremos terminar con la la guerra. Queremos y podemos decidir como lo llevaremos a cabo. Allí, y sólo allí residen las diferencias.

No hay nada que hacer.  Por más embates culturales que el estado judío recibe desde EE.UU. y que se hayan abierto carreras universitarias que pueden ser cursadas completamente en inglés; el idioma que se respira en la calle es inconfundiblemente el de la Biblia. La utilidad del árabe también es reducida. Se circunscribe al uso en las aldeas no judías. La influencia de Eliezer Ben Iehudá ha alcanzado a la población árabe que estudia el hebreo ya que también es el idioma usado laboralmente.

Si usted se encuentra en un autobús y escucha francés, rusos, ingleses, etíopes y latinoamericanos estudiando hebreo durante el viaje no lo dude: está en Israel.

Se comenta que una vez le preguntaron a Borges cuál era el idioma de los judíos. Hebreo no podía ser. La mayoría de los judíos del mundo desconoce siguiera una palabra en el mismo. Borges respondió: pero todos saben que no saben hebreo. Esto puede comprobarse en Israel. El idioma público no es el idish ni el judeo-español.  Todos saben cual es el idioma que deben estudiar,  el mismo que usó del Rey David y el Profeta Daniel.

Otros de los idiomas que pueden encontrarse son tan raros como el tailandés. Una poderosa fuerza trabajadora que hace marcar su presencia. Provenientes de oriente, intentan resolver el problema de los terroristas que entran junto a los trabajadores palestinos.

Esto ha causado tres fenómenos. El primero:  comprueba como falsas las acusaciones que los judíos como mayoría no se comportan adecuadamente con sus minorías. El segundo es algo bastante extraño para los judíos latinoamericanos: Judíos con ojos rasgados. Un creciente numero de trabajadores extranjeros eligen al judaísmo como su religión. 

El tercero de los fenómenos lo tenemos que buscar en la propia Tailandia. Cuando los jóvenes israelíes terminan su servicio militar realizan un viaje de meses por el mundo. Algunos eligen Sudamérica. Otros el extremo oriente, y cuando lo hacen y llegan a Bangkok pueden sentirse como en casa. Hay nombres de calles escritos en hebreo, negocios que aceptan “shekalim”, vendedores que hablan el idioma varias veces milenario...

Si queremos referirnos a las relaciones entre los distintos grupos religiosos y los laicos la respuesta vuelve a ser obvia.  Las continuas presiones que cada uno de los grupos realiza entre no son sino consecuencia de un fenómeno impensable hace más de un siglo: la llegada a Israel de comunidades enteras judías. Las comunidades no sólo importan sus capacidades sino también sus problemas.  Llegan a Israel para resolverlos y eso es lo que vemos: la manifestación de una maravillosa realidad. Un sueño cumplido. Kibutz galuiot.

Caminar por las calles de Jerusalén es una experiencia religiosa (y nacional). Judíos de los cinco continentes y de todos los colores de piel se pasean. Uno puede pasarse horas mirando a judíos buscando algún estereotipo para sólo conseguir resignarse ante su inexistencia. La pluralidad judía está a flor de piel.

Israel que ha sido atacado aún antes de su nacimiento, ha creado contra viento y marea cientos de ciudades desde su nacimiento. Un territorio que era un tercio pantanos y el resto desierto hoy es un vergel.

Israel con todas sus dificultades, sus olim no judíos, sus guerras, sus conflictos internos entre religiosos y laicos, los trabajadores extranjeros, su desocupación, es el resultado de un triunfo sine qua non:   el regreso del judaísmo a su hogar. Logró con ello convertir una zona inhabitable en un refugio para los judíos y lograr un nivel de vida que no tiene qué envidiarle a Europa. No es un centro de peregrinación judía. Es la última estación de un tren de más de dos milenios. Centro tecnológico para el mundo podría ser uno ético si tan sólo el mundo quisiera ver cómo son tratadas sus minorías. Las violentas y las amigas. Siempre en búsqueda de una paz que sus vecinos ininterrumpidamente le niegan.

Es un lugar imposible nacido hace sólo 55 años pero con una historia cuatro veces milenaria y tres veces renacida. No siendo un lugar perfecto para vivir es sólo el mejor.

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Actualizado: 5 de mayo, 2005


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